Un disparo lo dejó al borde de la muerte: luchó por su vida y pudo salvarse, pero nunca más volvería a ver el rostro de su pequeña hija: se había quedado ciego para siempre. Hundido en las sombras de una profunda depresión, jamás imaginó que algo tan simple como correr, sería la clave para volver a vivir. Conoce la historia del campeón paralímpico Luis Gutiérrez y su potente mensaje.

En la foto, el atleta Luis Gutiérrez junto a su corredor guía.En la foto, el atleta Luis Gutiérrez junto a su corredor guía.

Yo nunca pensé que iba a perder mi visión. Antes yo veía lo que quería ver, no lo que tenía que ver, y trato de transmitirle ese mensaje a la gente. Y mucha gente me lo entiende, y quiere más su vida.

Luis Gutiérrez, atleta ciego.

Fue carabinero y gendarme en unidades penales. Vistió uniforme con orgullo y pasión. Hoy, debe usar un bastón. Así comienza Luis Gutiérrez, atleta chileno, el relato de lo que han sido los últimos años de su vida, que estuvo a punto de terminar a causa de un disparo, pero que lejos de ello, tomó un impulso nuevo y transformador que lo llevó a subirse al podio de los campeones.

Comunidad Lazarillo conoció a Luis en la última Blind Running, donde se coronó campeón. La corrida, organizada por la Fundación Luz, se desarrolló el pasado 10 de septiembre en Santiago y fue una nueva oportunidad para este atleta, de desarrollar sus capacidades, pero también, de colaborar con esta maratón, que tuvo como lema “Abrir los ojos al deporte”.

En la foto, participantes de la BlindRunning 2017 en la largada de la corrida.En la foto, participantes de la BlindRunning 2017 en la largada de la corrida.

Un abrir y cerrar de ojos

Luis tiene 36 años, nació en Ovalle pero desde el año 1999 está radicado en Santiago. Actualmente, es atleta paralímpico y seleccionado nacional, disciplina T11 (Ceguera total). Entrena 6 días por semana, dos de los cuales son doble jornada. Soltero, con una hija que es su orgullo y principal motivación, lleva una vida, como él define, normal. Pero lograr este equilibrio no fue fácil. En 2009 recibió accidentalmente un impacto de bala en su cabeza. La bala entró por la sien izquierda y salió por la sien derecha. Estuvo 18 días en coma, y luego, 2 meses en coma inducido. Gracias a Dios, dice Luis, “desperté. Sin secuelas. Sólo pérdida total de visión, de ambos ojos”.

Los años siguientes fueron tal vez, la mayor prueba que le tocaría enfrentar. Recuperado del accidente, pero incapaz aún de aceptar su nueva condición, se hundió en la depresión. “Me sentía en un hoyo oscuro. No podía salir. Me metí en el alcohol, vicios. Me metí en el cigarro, comía de todo. Llegué a pesar 97 kilos. Y pensé que el mundo se me había acabado… Lo único que deseaba era morirme. Esas eran mis palabras. Le preguntaba a Dios para que me dejó en la tierra. ¿De qué sirvo?.”

Fueron tiempos difíciles. Para Luis y para su pequeña hija. Por ella, sacó fuerzas de donde no había y decidió ingresar al COSAM, Centro de Rehabilitación de la comuna de Puente Alto. Y como si se tratara de un poderoso efecto dominó, al abrir una puerta, comenzaron a abrirse las demás y mucho antes de lo que jamás imaginó, estaba asumiendo nuevos desafíos, sintiendo la libertad y abrazando la vida.

 Aprender a vivir

Luis conoció el Colegio para personas con discapacidad visual, Santa Lucía, gracias al COSAM. Entró a la escuela el año 2012: “Sentía decenas de bastones. Escuchar bastones, más bastones. Yo decía ¡Dios mío! ¿Dónde estoy metido? ¿Qué hago acá?. Una semana aguanté y me fui. No quise más…. Pero luego me dió por volver. Me dije: esta es mi vida. Tengo que asumir que soy ciego y tengo que luchar. Veía a mi hija… un decir… Veía a mi hija y ella me dió mucha fuerza”

En la Escuela de Ciegos Santa Lucía, el futuro atleta estudió informática, cuestión que tampoco había imaginado porque no sabía que las personas ciegas podían ejercer este oficio. Se sorprendió a sí mismo aprendiendo cosas nuevas y principalmente, descubriendo que podía alcanzar la autonomía: “Aprendí a manejarme con mi bastón. Aprendí a pasar al casino sólo, a servirme mis cosas sólo en bandejas. Para mí el quedar ciego fue nacer de nuevo: aprender a caminar, a leer, a escribir, a comer, a afeitarme, a vestirme. Todo de cero. Es nacer de nuevo.”

 Nuevos sueños

Con la voluntad de aprender a vivir, Luis Gutiérrez continuó asistiendo al Colegio Santa Lucía. Y fue uno de sus profesores quien un día cualquiera, lo invitó a descubrir el deporte que volvería a cambiar su destino: lo invitaron a correr. Para Luis, en un primer momento esa posibilidad le parecía remota. Ya lo había inscrito en la lista de las cosas que no podría volver a hacer nunca más. Sin embargo, estaba felizmente equivocado: “Un día equis un profesor va y me dice: Luis, ¿Te gustaría trotar?, te gustaría correr? Y yo me pregunté ¿Está loco? ¡Soy ciego! ¿Cómo voy a correr?” Pero el docente no dejó espacio a la duda, y Luis recuerda claramente cómo lo enfrentó a sus miedos y le dijo: préstame tu bastón, agarra la cuerda y corre.

“Para mí el soltar el bastón y correr fue una libertad. Sentí una cosa en la guatita que para mi fue genial: el correr. ¡Corría y corría! Parecía un cabro chico. Después ya no quería soltar más la cuerda”, dice Luis, y en su voz se percibe esa felicidad intacta.

En 2014, Luis participó de sus primeros juegos parasuramericanos representando a Chile. Obtuvo doble bronce en 1.500 y 5.000 metros. “Y cuando me subí al podio, y sentí estar representando a Chile, me dije: aquí me quedo. Nadie me saca de aquí”, dice Luis, quien luego de esa primera experiencia ha participado en un sinnúmero de corridas regionales,  nacionales e internacionales. Posee docenas de medallas, trofeos y reconocimientos. Ha participado en triatlones, realiza trekking, nado y todo lo que signifique un paso más en aquello que le devolvió la plenitud: el deporte.

 En la foto, Luis Gutiérrez en el podio de los medallistas. Premiación parasuramericanos 2014.En la foto, Luis Gutiérrez en el podio de los medallistas. Premiación parasuramericanos 2014.

Aprender a mirar

 

La carrera de Luis no es sólo en la pista. Su gran apuesta es difundir el deporte para todos y todas. Su preocupación, son los miles de niños con discapacidad visual que necesitan mayor inclusión. Su mensaje es claro: hay que aprender a vivir, a valorar lo que uno tiene y da por sentado, pero que efectivamente podemos perder de un momento a otro: “Yo jamás nunca en mi vida pensé que iba a quedar ciego. Y soy ciego. Por eso le enseño a la gente, le transmito a la gente, que por favor traten de disfrutar su día a día al máximo: a sus familiares, sus colegas, hermanos, hijos, ya que… nadie sabe lo que va a pasar mañana. Nadie tiene la vida comprada. Yo nunca pensé que iba a perder mi visión y aquí estoy. Antes yo veía lo que quería ver, no lo que tenía que ver, y trato de transmitirle ese mensaje a la gente. Y mucha gente me lo entiende, y quiere más su vida.”

Luis dedica parte de su tiempo a dictar charlas motivacionales en las que cuenta en primera persona su experiencia de vida y las grandes lecciones aprendidas: “No me gusta dar pena. Mucha gente llora, pero desconsoladamente. Cuento por detalle lo que pasó cuando me dispararon, la reacción que tuve, en lo que recaí, como me empecé a parar, cuales fueron mis primeros pasos como atleta, los triunfos. Y a la gente le llega mucho el mensaje.  Y el mensaje que yo le transmito a ellos es que quieran su vida, aprendan a valorar su vida, a valorar lo que tienen.  A veces la gente es muy disconformista. Tienen mucho y están disconformes. Y lo primordial: mucha gente tiene todos sus sentidos buenos. Tienen buena salud y son disconformistas. Y yo les enseño que con todas esas cosas que tienen, con todos esos sentidos que tienen, que no tienen ninguna limitación, pueden hacer muchas cosas. Y les inventivo, y trato también de motivar que hagan deporte: el deporte es bueno. Y les muestro. Yo ahora peso 65 kilos, y hace 4 años pesaba 97 kilos. Y no me hice una lipo, no me hice nada. Sólo correr. Un par de zapatillas y correr, entrenar, hacer ejercicio. Trato de motivar que el deporte es bueno, que quieran el día a día. Que aprovechen al máximo el día a día y… puede ser fuerte, pero yo lo digo: mañana puede ser tarde.”